Lecciones empresariales de Javier Gómez Restrepo

Bajo la dirección del BIC, Javier Gómez Restrepo lideró la salida a Wall Street en busca opciones de financiamiento FOTO archivo

“Si por mí fuera cogería mis papeles y cosas personales, cualquiera de estos días, y me iba solito sin decirle a nadie”, le dijo Javier Gómez Restrepo el domingo 11 de febrero de 1996 a Francisco Arias, periodista de EL COLOMBIANO.

El testimonio, publicado en una nota que anunciaba su retiro luego de 35 años dentro del Banco Industrial Colombiano (BIC) —firma que adquirió a Bancolombia en 1997— evidenciaba una de las características empresariales más valiosas de Gómez Restrepo: la prudencia para que fueran los demás quienes brillaran.

El personaje que tuvo la idea de dividir la estrategia del negocio comercial de Bancolombia en personas y empresas, para entender las necesidades de cada mercado, y que sentó las bases de la visión tecnología y digital de la compañía, con la apertura de la primera sucursal virtual de personas en el país, en 1996, fue recordado por apoyarse en sus colaboradores para convertir a Bancolombia, del sexto, al primer banco del país.

“Era tímido, de bajo perfil. Prudente. Sabía que la mejor manera de crecer era dando el crédito a quienes lo merecían. De ahí que fuera común ver que se podía hacer carrera empresarial dentro del banco, algo que aún se mantiene y que copiaron otras empresas del país. Aquellos que empezaron de mensajeros y terminaron manejando sucursales bancarias así lo saben”, aseguró Sergio Soto, director de Fenalco Antioquia, y quien trabajó con Gómez Restrepo por siete años tras ser vicepresidente comercial en la Fiduciaria de Bancolombia.

Arriesgarse a perder

Quienes lo conocieron saben que la prudencia del banquero quedaba sólo de puertas para afuera. Arriesgarse a perder lo llevó a que en 1996 liderara la salida del BIC a Wall Street, con la idea de recoger el dinero necesario para recuperar una estabilidad económica que urgía. El plan le salió: logró conseguir junto a JP Morgan 70 millones de dólares, dinero suficiente para completar los 418 millones con los que, en 1997, adquirió el 51 % de la participación en Banco de Colombia.

La movida fue arriesgada en un contexto que no brindaba estabilidad financiera en el país. Un periodo de recesión que inició en 1996 y que, según Mauricio Cárdenas, entonces director de Fedesarrollo, iba a agudizarse porque el sector cafetero y petrolero no crecerían al ritmo esperado.

“Saber tomar riesgo siempre ha sido fundamental para un empresario. Ahora las decisiones son más estudiadas. Las agencias calificadoras son rectoras. Pero, tomarse el atrevimiento de hacer una operación de esa magnitud cuando incluso había amenazas de descertificación desde Estados Unidos por el escándalo del dinero del narcotráfico en la campaña de Ernesto Samper, le da un valor agregado a la actuación que hoy es más difícil de replicar entre quienes manejan las grandes empresas”, afirmó Ramón Javier Mesa, profesor de economía en la Universidad de Antioquia.

De hecho, ese fortalecimiento ayudó a que Bancolombia saliera a flote de una de las crisis financieras más grandes del país, la que se derivó en 1998 por la mora en los pagos de la Unidad de Poder Adquisitivo Constante (Upac) -apoyo crediticio para que los colombianos contarán con un crédito al momento de adquirir una vivienda-, fenómeno que incluso llevó a la aparición del 3×1.000 (hoy 4×1.000) para salvar al sistema financiero.

Más del legado

De la gestión del abogado, que murió esta semana, se rescata el hecho de que fue piedra angular para darle a Bancolombia un crecimiento que se extendió a nivel regional. El banco, que en 2018 alcanzó una utilidad neta de 2,66 billones de pesos, tiene presencia en El Salvador, Guatemala, Panamá y Perú (ver Claves).

“La expansión y el crecimiento de Bancolombia se dio gracias a ese primer empujón. Fue un banquero que supo entender los cambios que necesitaba el país y así direccionó sus acciones. Cuando salió dejó las bases de un proyecto sólido”, explicó Soto, quien además recordó que el secreto de Gómez Restrepo estuvo en mantener unido a un grupo de empleados que creía en él.

“Era un fanático del tango. En cada fiesta de diciembre demostraba su calidad para bailarlo y cantarlo. Ahí, en esos espacios, era cuando los empleados nos dábamos cuenta del ambiente que teníamos para trabajar. De puertas para adentro era todo lo que el banco necesitaba”, concluyó el directivo de Fenalco Antioquia .

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